Rodolfo M. Irigoyen
Lamento tener que aclarar (desde el inicio, para que quien se sienta defraudado abandone ya la lectura) que el título de este artículo no brinda ninguna pista para que por medio del estudio de los astros, se pueda detectar el esperado final de la sequía que agobia al país.
La intención es bastante más modesta. Se trata de comentar la certeza o falsedad de un aserto común en países de habla castellana, que dice que “la luna es mentirosa”. Y lo explica por la forma de letras (mayúsculas) que adopta nuestro satélite natural en los dos cuartos “intermedios” de su órbita alrededor de la Tierra. Esas formas son (usando un poco de imaginación) los de la letra “de” (D) cuando es Creciente, y de la letra “ce” (C) cuando es Decreciente. Si no fuera mentirosa, en el Creciente adoptaría forma de C, y en el Decreciente de D.
Recientemente tuve la oportunidad de visitar España con dos “vascoguayos” de mi descendencia, y en una noche güipuzcuana pude corroborar la exactitud del dicho popular: estábamos en Cuarto Creciente, y la luna era un medio queso orientado como la D, de Decreciente.
Pero yo desde años atrás estaba convencido de que el dicho, a pesar de su difusión, era erróneo. Convencimiento que provenía de las innumerables observaciones en nuestro país del cielo piedrasoleño, que mostraban lo contrario, es decir que cuando era Creciente tenía forma de C, y cuando era Decreciente, de D.
A nosotros no nos mentía, nos cantaba la justa. Después de rumiar un rato sobre la evidente contradicción, caí en la cuenta de que solo era aparente, porque era correcto que en el Hemisferio Norte se viera de una forma, y en el Hemisferio Sur de la contraria.
Cosa que constaté (raza desconfiada la mía) a mi retorno al país, en la primera visita realizada a Piedra Sola (como la iluminación urbana no es precisamente enceguecedora, el cielo nocturno se observa con mucha mayor claridad que en una ciudad). No había ninguna contradicción, ninguna mentira lunar, ocurría que el dicho era originario de un país de habla castellana, pero sin duda ubicado en el Hemisferio Norte, quizá de la propia Madre Patria.
Paso a explicar el porqué de estas disquisiciones, cosa que seguramente se estará preguntando el amable lector que hasta acá me haya acompañado. Leyendo la prensa de hoy, me enteré de una buena noticia (cosa que no ocurría desde el lunes 30, cuando se informara de quién era el nuevo campeón de la Supercopa 2023 del fútbol uruguayo). Me refiero al hallazgo, en Inglaterra, del original, de paradero desconocido desde hace un siglo, de uno de los cuadros de Juan Manuel Blanes, “el Pintor de la Patria”.
Se trata del cuadro del gaucho a caballo, de espalda pero con el torso girado, que mirando al observador le señala algo con el brazo izquierdo extendido. En la descripción periodística del cuadro, se menciona una “lejana luna decreciente”, y mi manía por definir la falsedad u honestidad del mensaje lunar, me llevó a agrandar la imagen, constatando una inconfundible forma de C. Es decir, se trataba de una “luna mentirosa”.
Solo dos explicaciones se me ocurren para la contradicción antedicha, porque el gaucho, por definición es un habitante del Hemisferio Sur. La primera, que la descripción del periodista o de quien éste la haya tomado, conociera el dicho que venimos comentando y se rigiera por lo que el mismo define. La segunda, de que la descripción provenga de Inglaterra, el país del hallazgo, u otro del Hemisferio Norte, probablemente España, y en la misma definieran con criterios propios del Norte, a los elementos del paisaje de un cuadro pintado en el Sur.
Porque me resisto a aceptar una tercera posibilidad, la de que un pintor de la jerarquía de Blanes describiera su obra mencionando la presencia de la luna en Cuarto Menguante, habiendo pintado una luna en Cuarto Creciente. Como que en el Desembarco de los Treinta y Tres Orientales, hubiera pintado un Lavalleja esbelto, espigado, en lugar del gaucho retacón que supo ser don Juan Antonio.
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