Mayo del 2023
Puse la pasta en agua hirviendo sin agregarle sal (ni siquiera la baja en sodio, que normalmente consumo dada mi condición de hipertenso) porque la de la canilla ya contenía niveles de cloruro de sodio más que suficientes, ateniéndome a la controversia que ahora ocupaba los medios, luego de resuelta, enroque ministerial mediante, la crisis provocada por la vivienda adjudicada a través de mecanismos de dudosa legalidad.
Además, recordé, había hecho un tuquito con dos chorizos al vino blanco que sobraron del cumpleaños de “mi nieto el dotor”, celebrado en casa el sábado anterior, y que serían integrantes fundamentales de los fusilli alla pomarola. Y es sabido que dicho embutido, lo mismo que otros muchos alimentos, cuenta con niveles de cloruro de sodio mucho mayores a los contenidos en el agua para consumo humano que suministra actualmente la OSE.
Es que los coletazos de la sequía que hemos padecido durante los tres últimos años, se resistían a desaparecer, porque también las lluvias de abril habían sido “tardías e insuficientes” según el irónico comentario presidencial. Además, la cuenca del río Santa Lucía, de donde proviene el agua que abastece a Montevideo y su zona metropolitana, ha sido una de las regiones menos favorecida por las últimas precipitaciones, obligando al gobierno a adoptar medidas de emergencia que aumentaron la salinidad del agua de consumo humano.
En su pronóstico del nivel de precipitaciones esperable para el otoño que estamos cursando, realizado en Marzo pasado, el INUMET (Instituto Uruguayo de Meteorología) había estimado que en el noreste del país, la precipitaciones acumuladas durante Abril, Mayo y Junio serían algo inferiores a las normales, mientras que, para el resto del país, dichas precipitaciones tenderían a la normalidad.
Claro, esto es estadístico, y los valores esperados no pueden tomarse como certezas. Lo cierto es que hasta ahora (estamos en la mitad de ese período) ocurrió lo contrario: los registros hídricos en el NE tendieron a la normalidad (con gran variabilidad zonal, por supuesto) mientras que en el resto del país, donde la sequía ha pegado más duro, y donde se concentra la gran demanda de agua para consumo humano, nada se normalizó, por el contrario, la situación no deja de agravarse. Resulta que la Niña nos ha salido caprichosa, y está empecinada en quedarse.
Tal vez porque ya nos envuelve un “aire electoral” o quizá por el mero hábito confrontativo de nuestra sociedad, el hecho es que las consecuencias inevitables de un fenómeno climático, dieron pie a una “toma de partido” a favor o en contra del gobierno. Para qué dejar pasar una oportunidad de exponer nuestras diferencias políticas, por más apolítica que sea la causa del disenso.
En este contexto, llovieron, por un lado, los anuncios sobre las “medidas paliativas” para mitigar los problemas derivados de la mayor salinidad del agua de OSE y las definiciones respecto a futuras obras, y por el otro, las acusaciones al gobierno de imprevisión e inoperancia para asegurar un suministro normal del “vital elemento”.
Y como las desgracias nunca vienen solas, apareció “el boñato que faltaba”: el doctor Salle. Que fiel a su catastrofismo vociferante (¿tan elástico es el concepto de libertad de prensa?) denunció que el agua que ahora suministraba OSE, proviene de la zona baja del río Santa Lucía, adonde, con las mareas, llegan las aguas cloacales de Montevideo, y también de Buenos Aires. ¡Y nosotros apenas sintiéndole un gustito algo salado a esas aguas!
Sin llegar a esos extremos escatológicos, no faltaron las denuncias de que, tras el “Proyecto Neptuno” (que se basa en la toma y desalinización del agua del Río de la Plata con una toma en la zona de Arazatí) que pondría punto final al problema, con un costo del orden de los 280 millones de dólares, existen “importantes intereses de consorcios de grandes constructoras”.
Como si existiera alguna posibilidad alternativa para la realización de una gran obra de infraestructura. Lo que importa es la turbiedad o limpidez (para seguir en el tema) de los procedimientos del gobierno para llevarlo adelante. ¡Y los tiempos! Porque el proyecto alternativo del embalse de Casupá, que se ejecutaría a posteriori, lleva encarpetado 30 años de escritorio en escritorio de los distintos gobiernos, sin que se haya movido una carretilla de tierra.
Alguien, desde la vereda del liberalismo, afirmó en cierta oportunidad que “a la izquierda se la evalúa por sus mejores intenciones y a la derecha por sus peores resultados”. Tomadas con pinzas ambas calificaciones, dada su muy dudosa validez, podríamos hacer un paralelo con la oposición y el gobierno actuales de nuestro país.
La primera critica al gobierno porque no ha hecho en 3 años (pandemia y sequía incluidos) lo que ella no hizo en 15 (que incluyeron el período de mayor bonanza económica del país en el último medio siglo).
En tanto el Gobierno, por boca del Secretario de la Presidencia, aseguró esta semana en conferencia de prensa “la estabilidad de las reservas de agua” por una serie de medidas de racionalización del consumo, y “la construcción de una represa que mantendrá la estabilidad de Paso Severino” Todo eso con una disponibilidad de agua, con los niveles actuales de consumo, ¡estimada en 18 días!
Ojalá, en este tema de la provisión de agua para consumo humano, por encima de rencillas intestinas, la “izquierda” salga bien parada en una evaluación seria de sus intenciones, lo mismo que la “derecha” en la de sus realizaciones. Pero en ambos grupos hay gente (los extremos se tocan) que cava para profundizar la grieta, aprovechando que una “Niña caprichosa” les hace el caldo gordo. (Mis disculpas por el abuso, pero hoy amanecí propenso a las metáforas de índole culinaria)
Rodolfo M. Irigoyen
romairigoyen@gmail.com